Propóleo desde punto de vista terapéutico

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Los propóleos son unas sustancias pegajosas de tipo resinoso, que las abejas obtienen de resinas, brotes, yemas y savia de los árboles a la cual añaden secreciones propias, con ellos cubren el interior de la colmena , tapan las fisuras, pegan los marcos de las colmenas modernas proporcionando un soporte estructural en la misma, tiene una acción anti-bacteriana, inhibiendo el crecimiento de cualquier bacteria, hongo, o de otro microbio no deseado que podrían desarrollarse en el medio ambiente de la colmena cálido y húmedo, cubriendo los cadáveres de insectos y roedores que no pueden sacar al exterior.


Han sido utilizados por todas las culturas que nos han precedido para usos medicinales contra multitud de dolencias aunque es de destacar el uso que de los mismos hacían los egipcios en el embalsamamiento de las momias, hace más de 4000 años.

Los apicultores los obtenemos por dos métodos: uno es el raspado de cuadros y cajas de colmenas y el otro mediante una malla especial de plástico donde las abejas rellenan los pequeños huecos, después mediante la congelación y la torsión los propóleos saltan en pequeñas escamas.

¿Qué podemos hacer nosotros, simples mortales ante esta inminente catástrofe?

¿Cómo podemos colaborar, en forma sencilla y con nuestros recursos desde nuestros hogares?


 

Comencemos por rechazar los alimentos que contengan plaguicidas y fumigantes.


Los plaguicidas ocasionan cáncer y un sin fin de enfermedades, comencemos a comprar a los productores orgánicos pequeños.
Vayamos a esos pequeños mercados orgánicos y compremos lechugas, tomates, zanahorias, papas, calabazas, cilantro, romero, perejil y todo aquello que necesitamos en nuestra comida diaria.

Escojamos lo saludable, aquello que no tiene venenos tóxicos que terminan en nuestros órganos vitales.
Cuidemos nuestra salud y la de nuestros seres queridos.

 



Con esto, colaboraremos a que cada vez menos esas grandes compañías surta sus venenos a la agricultura mundial.

Tenemos que volver al sendero de nuestros abuelos, que comían todo en forma natural, sin venenos ni conservadores de ninguna especie.

Hagámonos exigentes con lo que ingerimos y bebemos.
Nuestro cuerpo es un templo que merece respeto.


¡Seamos sembradores! Pero una forma muy fácil que se me ha ocurrido, es convertirnos en sembradores de flores.


Así de fácil como se oye.
Sembradores que llevemos las semillas adonde quiera que vayamos. Si salimos de paseo, llevar nuestra bolsa de semillas de flores y esparcirlas en cualquier lugar, de preferencia, hacer un pequeño hoyo en la tierra y alli, poner nuestras semillas para que al primer cambio de estación, comiencen a florecer.

¡Imagínense la cantidad de flores que habría en el mundo si los humanos nos decidiéramos a sembrar una!
Sembremos semillas, plantemos árboles, hagámonos amigos de la naturaleza para que ella nos perdone todo el mal que le hemos hecho con nuestra inconsciencia.

¡Sembremos, sembremos!
¡para que las abejas sobrevivan y nosotros también!

Saludos afectuosos,

Tía Trini.